Discurría, lo hacía pero no era con ingenio; que tus pixeles cromáticos saturarían mi anhelo de atisbarte, mientras nuestras esencias se compaginaban.
Aspiraba con vehemencia, que aquella pelambrera color Sahara lograra arrullarse entre mi muñeca hasta la punta de mis dedos. Lisonjeándonos. Achuchándonos mucho, lo conveniente, sin llegar a ser “normal”.
Al menos puedo decir que discurro, no de manera realista, pero discurro muy a menudo.
Melodías románticas que no me dejan dormir, furor lleno de llanto. Mis ojos sudando, cansados de verte.